martes, 13 de diciembre de 2011

Capitulo 1: Decisiones

Este relato es un libro en el que llevo trabajando varios meses pero necesito alguna opinión. Os agradecería que dejarais vuestro opinión. Gracias.

Me llamo Elena Cortes, tenia 17 años, y el 5 de Abril de 1873 seria ya una adulta. 
Sobre mi aspecto, no es que os vaya a entusiarsmar, no soy una belleza aunque mi fina cara termine levemente en una barbilla suave y redonda. Mi pelo no es el más bonito, me lo recojo en un moño destartalado y despeinado con dos mechones cayendome por la cara que a veces me los escondo tras las orejas. El color de mi pelo es castaño y liso pero el polvo de la tierra le hace parecer absolutamente blanco y enredado. Mis ojos son marrones. Simplemente marrones. No cambian de color ni hipnotizan a las personas, simplemente son marrones. Marrones oscuro. Mi boca, pequeña y de labios rechonchos, esconde, como mi madre dice, una bella y blanca sonrisa. Yo sonrió mucho pero nunca me había parado al espejo a sonriere a mi misma como una tonta a ver como tengo la sonrisa. No soy alta y mi delgado cuerpo afirma que no como mucho y trabajo demasiado. A veces mi cuerpo me pide más y me tira al suelo desmayandome como si de una marioneta se tratara. Eso no me sucedía desde hace tiempo, aunque físicamente veía claramente que mi cintura se encogía.
Vivía en un pequeño poblado a las afueras de Madrid. Me crie con padre y madre y una hermana 7 años menor que yo. Digamos que mi vida no era un lujo ni mi familia era una de esas en las que el padre era un "pez gordo del gobierno que no hacían mas que quitar a los que no tienen ni una mísera miga el dinero y gastarlo en craprichitos" (según mi padre). No penséis mal mi padre no era uno de esos pueblerinos con un diente roto, sombrero de paja y aspecto de palurdo. No era refunfuñón ni gruñón pero no le gustaban los políticos.  El trabajaba en la ciudad vendiendo cosas de la granja a un señor que tenia un almacén. A veces  vendía huevos, otras gallinas, carne,... 
También era el único que había ido a la escuela, así que por las mañanas nos daba clases a mi y a mi hermana.  
Tenia un aire de duro, de padre sobreprotector o puede que de un padre que se preocupaba por unas hijas y una mujer a las que quería. Era alto, apuesto y muy fuerte. Sobre su cara resaltaban unos ojos color hielo a los que les tenia algún temor y un punto de respeto incalculable. Cuando miraba esos ojos fríos y secos se me encogía el corazón, no porque mi padre fuera un maltratador porque eso en mi padre brillaba por su ausencia. Era una bellísima persona, mi hermana y yo decíamos "Ojos de hielo voluntad de hierro". Pero en ocasiones extrañas, al mirarle a los ojos sentía como un escalofrío me recorría la espalda desde las puntas del pelo hasta la uña del dedo pequeño del pie. Sentía que esos ojos no los conocía, eran extraños para mi. Algo desconocido que ni yo ni indrid conseguíamos adivinar. Pero cuando bajábamos la mirada hacia su sonrisa se nos calmaba ese sentimiento de intranquilidad pasaba a ser una cálida brisa en el alma. Madre decía que en eso yo me parecía a el. Pero Ingrid, bueno, Ingrid era como ella.
Mi madre era una mujer trabajadora, muy organizadora y visualizadora y todo lo que acabe en -dora. Era la que nos daba consejos nos ayudaba y realizaba las tareas de casa. Era la visión de Ingrid pero con unos cuantos años más. Sus ojos verdes iguales que los de la pequeña, su pelo rubio oscuro recogido con una pinza color azul y plata era igual que el de mi hermana solo que ella siempre lo llevaba suelto y revuelto sobre sus hombros cayendo en perfectos  tirabuzones. De no ser por la edad habría dudado si Ingrid y ella eran gemelas. 
Madre odiaba que padre viniera tan tarde con tan poco dinero pero no podía hacer mas ya que las cosas que vendía no eran de lo mas caras.
No íbamos en carros enormes y espaciosos tirados por caballos grandes, negros y fuertes.  Nuestra casa no era un palacio con 7 baños, 4 plantas y un jardín enorme donde poder jugar hasta aburrirte.  Vivíamos en una  humilde granja con un pequeño huerto, jardín que olía a cerdo y lo peor de todo un baño compartido. 
El carro no era ni mucho menos grande, era pequeño, sin techo y con un pobre caballo castaño y delgaducho a causa de que no pudiéramos darle de comer. No podíamos ni alimentarnos nosotros, solo comíamos una y otra vez la misma sopa de ajo. A la que mi madre no hacia mas que aguarla un poco cada vez mas ya que padre no traía verduras.
El caballo lo llame relámpago porque  el día que lo vi me pareció que era fuerte y corría como un relámpago.  
El día que fuimos a comprarlo fuimos a una granja de un pueblo vecino,  yo tenia 10 años y estaba emocionadisima. Porque iba a tener un caballo. En cuanto nos enseñaron un caballo que se adaptaba al precio de mi padre me di cuenta de que éramos mas pobres que las moscas, pero en ese momento nos enseñaron un caballo precioso como me lo imaginaba, fuerte, castaño, pelo largo que ondeaba al viento,... A medida que iba bajando hacia las patas me emocionaba cada vez mas hasta que llegue a la pata derecha delantera. Tenia una venda envolviendole la pata. 
_ Padre - le llame- tiene una venda, ¿Esta herido?
- si cariño - asintió mi padre - pero se recuperara si nos lo llevamos a casa. Ya veras que prepararemos una pócima mágica para sanarlo. 
Dijo mientras me hacia cosquillas en mi punto débil, era el único que sabia donde lo tenia. 
- No creo que aguante mas de 2 meses- intervino el granjero interrumpiendo la sesión de cosquillas entre mi padre y yo- después de que se torciera el tobillo, dejo el negocio familiar de la caza.
-Padre,  yo quiero este caballo. - le suplique.
Respiro hondo y dijo acariciandome el pelo:
- Todo sea por mi pequeña.
Cuando mi padre hubo terminado de pagar el caballo me subió sobre el. 
-Tienes suerte de tener un padre así- Me dijo el granjero sonriendo y enseñandome todos esos dientes negros y separados que daban ganas de echar hasta el desayuno.
Era mi caballito andante, mi rocinante y también mi único amigo.
Como no había ido a la escuela no tenia ningún amigo de mi edad, y mi hermana no es que me cayera especialmente bien.
Una mañana de abril a 3 días de mi decimoséptimo cumpleaños mi padre nos dio una pequeña sorpresa en la enseñanza, una nueva asignatura, la literatura
-Buenos días chicas.- Nos saludo nuestro padre mirandonos con una amplia sonrisa en la boca, como si tuviera algo que deseara enseñarnos. 
-Buenos días padre- Dijimos mi hermana y yo al unísono 
-¿Que es lo que esconde ahí padre?-pregunto intrigada mi hermana.
-Una sorpresa cariño,¿Quieres saber que es?
- No nos haga mas de rogar, ¿Que es?- me uní a la intriga 
Padre no dijo nada para dejarnos con el misterio en la boca. Pero en ese momento mi hermana se levanto de la silla de madera y paja que al pegar Ingrid un salto la silla crujió de tal manera que casi se desploma.
Ingrid fue tan rápida que apenas pudimos verla, y la pequeña sorpresa fue descubierta por ella.
Un libro. La pequeña sorpresa que mi padre nos escondía era un libro.
-¿Que es?-pregunto desilusionada mi hermana
Se me iluminaron los ojos al ver aquel libro de tapa roja y dorada con letras en amarillo que ponían "Le tour de monde en 80 jours, Jules verne" 
-Un libro, tonta ¿No lo ves? - le respondí
- Perdone su alteza - se burlo Ingrid 
- Chicas, por favor.- nos tranquilizo nuestro padre- No es solo un libro.
Mi hermana me hizo una mueca con la lengua, yo se la devolví.
- Es una reliquia-continuo padre - Es el mejor libro que nunca hallas leído, escrito por alguien que se llama...
- Jules verne.- interrumpió  mi madre.
Todos nos quedamos atónitos al ver a mi madre leer la portada de tan importante libro.
-¿ Sabes leer madre?-Pregunto ingrid.
- No, pero he oído cosas de él. -explico- El otro día fui a la Villa a comprar y había unos hombres con capa y sombrero conversando de ese hombre. Uno decía que seria un gran escritor conocido en todo el mundo no solo por sus viajes; sin embargo, el otro hombre lo contrariaba afirmando que pronto se acabaría su gloria y que ya sea por celos o por venganza acabaría bajo tierra.
En ese momento se despertó en mi un intenso deseo por saber como terminara la vida de aquel escritor.
- Yo,- comento mi padre- sinceramente pienso que después de todas las obras de arte que ha hecho alguien le guardara algún rencor pero, no he traído este libro para discutir cuantos años se mantendrá en pie jules. Este libro es el ultimo que ha escrito, lo escribió el mes pasado y se ha publicado hoy mismo.- concluyo mi padre con una sonrisa en la boca.
- ¿Y como lo ha conseguido?- pregunto intrigada ingrid.
- Tengo mis contactos.
Me extrañaba que mi padre respondiera tan rápidamente, pero estaba embobada observando aquel extraordinario ejemplar.
- Trata de un hombre que apostó mitad de su fortuna a que daba la vuelta al mundo en ochenta días.  
-¿ Y lo consiguió? - le interrogo ingrid
- No lo se, yo solo he leído el principio.
Entre conversación y conversación se hizo de noche y empezaron a sonar tripas. Pasaron los días y llego la víspera de mi aniversario.
Habíamos avanzado poco el libro puesto que llovio y el tiempo se puso en contra de nosotros, las tareas de duplicaron.
Yo estaba en mi habitación pensando en jules, hasta  ese momento no había pensado en el pero paso por mi ventana una estrella fugaz y pensé si seria verne con su globo. Tenia una imaginación desbordante, pero algo tenia que ser. Cerré los ojos y pedí un deseo con la esperanza de que aquella estrella se lo llevara lejos a manos de alguien que le hiciera aprecio y lo hiciera realidad.  En aquel instante me vino una idea a la cabeza, cogi papel y pluma empeze con mi deseo.
Madre hizo la cena mientras yo daba de comer a relámpago y padre ayudaba a ingrid en sus tareas. Yo no paraba de pensar en como acabaría ese libro, apenas lo había comenzado y ya estaba deseando que acabara. En ese momento vino ingrid y del susto tire el heno.
- ¡Siempre tan sigilosa!- proteste.
-Perdoname, solo quería hablar un rato.
-Te escucho.- le respondí recogiendo el heno del suelo.
-Queda poco para tu aniversario - me informo mi hermana.
- ¿En serio?- me burle
- Hermana, si quieres me marcho!
-No ingrid, necesito compañía.
-Estaba pensando,-dijo ingrid tímida- ¿Que te gustaría para tu cumpleaños?
Le mire a los ojos a pesar de la poca luz de la noche, pero pude ver el brillo de sus enormes ojos verdosos mirandome fijamente. Me agache a su altura, ella seguía mirandome, le acaricie esa cara tan inocente que me conmocionaba  y le conteste:
-Conque estés siempre a mi lado no necesito nada
-Sabes que eso no es verdad, falta un dia para que puedas marchar y durante ese dia será un dia menos para que pueda decirte lo mucho que te voy a extrañar.
Me sobresalto lo bien que se expresaba para tener 10 años pero la escuche.
-Cariño yo nunca me iré ¿A donde me voy a ir sin dinero?
-Lejos, muy lejos, a donde ya no pueda verte mas.-En el sitio me acorde de una conversación que hace un par de años corroía a madre y padre, discutían sobre lo que haría cuando cumpliera los 18 años. Padre estaba dispuesto a dejarme marchar es mas, me obligaba a marcharme; en cambio madre no dejaba de argumentar que había toda una generación de Cortés detrás de la azada de esa casa. Mi hermana y yo vigilábamos la decisión correcta detrás del portón, éramos dos niñas de apenas 10 y 3 años. Al cabo de las horas madre, entre bufidos y regañadientes, acepto la idea de padre; Ingrid comenzó a soltar lagrimas y la lleve en brazos a su habitacion. Comenzó  a llorar cada vez mas y mas, como si la estuvieran torturando, y entre sollozos me dijo "te vas" .Era imposible que se acordara de aquella noche pero sus palabras me acallaron- la discusión se va a hacer realidad.
Pegue su cuerpo junto al mío y nos fundimos en un abrazo que acabo en lagrimas. Yo lloraba porque  no vería mas a mi familia en cambio pude notar que las mejillas de mi hermana no estaban húmedas, las pocas lagrimas que había eran mías, en su lugar encontré una sonrisa llena de vida y de dientes.
- Hasta una ramita me hará feliz.
Al dia siguiente abrí los ojos y me encontré la cara de Ingrid a unos escasos micrómetros de la mía, la intente apartar para darme la vuelta y dormir mas pero solo conseguí que se pegara aun mas a mi. Yo apretaba con la mano ella con la cabeza. Empezamos a gruñir como dos perros discutiendo por un hueso, en este caso el hueso era levantarme. Traze un astuto plan para dormir  y le dije a ingrid que había ganado que ahora me levantaba, como es normal no lo iba a hacer, ella se aparto y sonreí para mis adentros, no se si ella lo noto. Note los pasos de mi hermana detrás de la puerta y me dormí.
-Tuururruuuuuuuuururururururuuuuuuuu
Me levante isofacta, un ruido había entrado en mi sueño y me había despertado. Mire hacia abajo y vi a ingrid con una trompeta oxidada en las manos y una sonrisa de pilla en la cara.
La perseguí por toda la casa pasando por la cocina donde mi madre nos gritaba, aunque por la velocidad de nuestra persecución solo pudimos oír la palabra desayuno. Cuando salimos al corral oi  un sonido que no me contento mucho y un olor que tampoco era de mi agrado, mire a mis pies desnudos y pude observar unos grandes restos de relámpago. Empece a gritar sin saber a quien. Mis dieciochos años recién cumplidos y piso una caca de dieciocho kilos. Un momento maravilloso para comenzar mi etapa como adulta independiente.
Cuando ingrid pudo caminar y empezó a soltar una pequeñas risotadas, fuimos a la cocina donde nuestra madre me esperaba con unas torrijas con miel y un vaso de chocolate con leche recien ordeñada. Mientras yo me recogía la baba degustando este exquisito manjar, ingrid no paraba de protestar de forma interminable. 
- No es justo! Yo para mi décimo cumpleaños tuve que soportar un vaso de zumo de naranja fresco.
-A ti ya te basto con eso, tu hermana va a poder decidir si quiere irse o quedarse -dijo mi padre con una sonrisa de oreja a oreja contemplandome.
Cuando me quise dar cuenta tenia tres rostros observandome con tres expresiones que me desconcertaron, mi hermana tenia el rostro triste,  mi padre orgulloso y mi madre de preocupación. Delante de mi tenia lo que mas temía en el mundo, tomar una decisión. Me acorde de mi abuela "Nunca sabes la gravedad del problema hasta que lo tienes delante" decía a continuo, entre otras míticas frases. Los refranes de abuela pueden ser simples y fáciles de comprender como: "No podemos pedirle peras al olmo" pero otros eran tan extraños que ni el mismísimo Sócrates llegaría a comprender: "Entre Pedro, Juan y varios desaparecieron los caballos" 
¿Que quería decir? ¿Es que un tal Juan y un tal Pedro acompañados de varios otros, me robarían a relámpago? ¡Por encima de mi cuerpo sin vida! Me prometí no conocer a ningún hombre o ser humano que se llamara Juan, Pedro o varios.
Cuando desperté de mi colapso mental sobre los refranes de mi abuela me quede mirando fijamente a Ingrid con una estúpida sonrisa en mis labios, pero esta se difumino hasta desaparecer completamente al descubrir las lagrimas sostenidas en el precipicio de esos ojos grandes y verdes que Ingrid poseía. Los ojos me miraban con cierto respeto y cierta tranquilidad, el verde me indicaba que tras esa mirada sensata y seria se escondía una niña juguetona, carismática y una muchacha que desconoce el mundo y que tampoco tiene ilusión de conocerlo. En cambio las lagrimas expresaban a gritos tristeza. 
Gire levemente la cara sin levantar la mirada del suelo hasta que pudiera olvidar la mirada de mi hermana, pero sabia que seria una mirada que no olvidaría hasta el ultimo de mis días, o incluso después.
Cuando creí, engañandome, que había podido controlar mis lagrimas alce la cabeza firme y decidida y cogiendo una bocanada de aire solte:
-Si,...-mi voz se entrecorto haciendo que me sintiera como una tonta pero pude controlarla -Claro, tengo una decisión importante por delante.
Las lagrimas de Ingrid se precipitaron al vacío creando un sonido seco y silencioso al golpear el suelo. Fue un sonido sordo pero para mi fue un grito que me reventó los tímpanos, y el alma.

1 comentario:

  1. Sigo esperando el segundo capítulo eh:$ Me avisas cuando lo publiques! tequieroprf (L)

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